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Mensaje de fin de año 2012

Publicado 08/12/12
Por JL Acevedo Colón

Nos acercamos a la conclusión de una jornada. Cada año pasado es como un capítulo de la historia que continúa a un ritmo constante. Los buenos y malos recuerdos no deben entorpecer el deseo de hacer las cosas siempre mejor. Nos toca a todos, individual y colectivamente, como nación, y como seres pensantes que somos parte de un universo, luchar progresivamente para que dejemos a las nuevas generaciones un mundo mejor.

Sufrimos una despiadada ola criminal. No hay seguridad que valga. Nos sentimos acechados por la violencia que nos rodea. Esta vez tenemos una nueva administración pública y debemos cerrar filas para que nuestro país pueda encontrar una ruta de progreso con justicia y paz. Toca a cada uno poner de su parte, tenemos mucho en juego. Si no levantamos como país continuaremos viendo la fuga de talento, la emigración de nuestra gente trabajadora, el rompimiento con nuestros mejores valores familiares y, para los que se preocupan por el valor de sus bienes materiales, la disminución del valor de la propiedad que lleva consigo el deterioro de la calidad de nuestra vida como pueblo.

A todos con quienes compartimos nuestra experiencia profesional como abogados de quiebra los invitamos a tener presente el mensaje de la distinguida escritora Almudena Grandes, que el periódico El País de España publicó en su edición del 8 de julio de 2012 "...nuestros abuelos lo tuvieron muchísimo peor que nosotros y si no hubieran vivido, si no hubieran sabido disfrutar de la vida, si no se hubieran enamorado en tiempos atroces, nosotros no estaríamos aquí. Si existe una cosa que sabemos hacer bien los españoles es ser pobres. Lo hemos sido casi siempre, pero eso no nos ha hecho más desgraciados, ni más tristes que los demás. Recuérdenlo y sean felices, porque la felicidad también es una forma de resistir." En su mensaje Almudena nos ilustra con situaciones sencillas y frugales que nos permiten ser felices siendo pobres. Pasear por la mañana, caminar de madrugada, o sobre la arena del mar, visitar un parque, asistir a un concierto gratis al aire libre, una botella de vino compartida con amigos, un buen libro, enamorarse.

Durante mucho tiempo el pueblo puertorriqueño asumió que el progreso material era tan real como perceptible. Hace unos sesenta y tantos años comenzó a fluir el crédito fácil. Muchas mujeres dejaron sus hogares tradicionales e incursionaron en el mundo del trabajo compensado. Esto amplificó mucho más el crédito fácil. El crédito expandió la capacidad de consumir y se multiplicó el acceso al comercio que tuvo un acelerado crecimiento. La tecnología facilitó aún más el acceso del crédito. El exceso de crédito creó el problema de una deuda en constante crecimiento hasta que una parte del presupuesto familiar progresivamente también tuvo que destinarse al pago de la deuda de consumo. Tanto tienes tanto vales pareció ser una desdichada paradoja que convirtió a muchos trabajadores en víctimas de un consumo desmedido.

La quiebra personal siempre ha estado unida al nivel de endeudamiento personal. Tradicionalmente mientras más atado estuvo el presupuesto familiar al pago de la deuda de consumo más casos de quiebra se radicaron en corte. Como país, la nación puertorriqueña ha sido un modelo de desdicha. Gran parte de su presupuesto está atado al pago de la deuda pública y seguimos pagando escoltas, y seguimos manteniendo un ritmo de gastos insostenible. Estamos llenando plazas de empleo públicos para crearle problemas a la administración entrante. Nuestro sistema de retiro está quebrado. A nivel personal muchos puertorriqueños han reducido su nivel de endeudamiento, algunos por consciencia, otros por que se terminó el crédito fácil hace ya unos años.

Si no ocurren cambios significativos en nuestro estilo de vida colectivo llegará el momento que no se podrá pagar la deuda pública insostenible y podríamos tener que destinar el dinero de nuestro presupuesto de seguridad, salud y educación al pago de la deuda. Claro, ya para entonces estaríamos en sindicatura por parte de los bonistas acreedores de la deuda pública, o sea, nuestra quiebra como país, en una reorganización impuesta por la corte federal en Puerto Rico.

Esperemos que la nueva administración pública pueda afrontar el reto, con la diligencia y la sabiduría que los tiempos exigen. Como los españoles, pobres hemos sido casi siempre, y no hemos sido ni más desgraciados y tristes que los demás. Recordémoslo y seamos felices, porque la felicidad también es una forma de resistir.