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La Quiebra, por Silverio Pérez

Publicado 28/12/11
Por JL Acevedo Colón

Hoy transcribimos la columna de Silverio Pérez titulada La Quiebra, publicada por el Periódico El Nuevo Día en su edición del 27 de diciembre de 2011. ¿Quien no conoce a Silverio Pérez en nuestro país? Para repasar unos datos de su biografía nos hemos referido a la sección sobre biografías de la Fundación Puertorriqueña Para la Cultura Popular, en su portal cibernético ww.prpop.org, edición de Javier Santiago.

Ingeniero químico, fundador de Haciendo Punto en Otro Son y Los Rayos Gamma. Nacido en 1948, y criado en el seno de una familia numerosa del Barrio Mamey de Guaynabo, le permitió entrar en contacto con la música campesina. Desarrolló un amor innegable por nuestra música autóctona. Desde los años ‘60 comenzó a aportar como cantautor. Tuvo una destacada participación en numerosas cantatas de protesta que sembraron la semilla de la nueva canción de la época en Puerto Rico. Ha sido productor de radio y televisión. Uno de sus proyectos más determinantes es Haciendo Punto en Otro Son junto a Jossy Latorre, Tony Croatto, Nano Cabrera e Irving García. Ha grabado discos de forma independiente y también con Sunshine Logroño y Tony Croato. Desde la década de los ‘80 se ha destacado además como humorista y es miembro fundador de Los Rayos Gamma junto al fenecido periodista Eddie López, Jacobo Morales, Sunshine Logroño y Horacio Olivo. Se ha mantenido activo en radio y televisión. Ha ejercido como conferenciante del buen humor y la autoayuda y ha publicado libros entre los que se destaca su proyecto Humortivación. Ha sido columnista de los principales medios de prensa escrita.

Transcribimos a continuación su más reciente columna titulada La Quiebra: 

Hace seis años compartí en esta columna que tenía cáncer de próstata. El revelarlo me convirtió en el niño símbolo de la próstata. Más de doscientas nuevas citas se hicieron en las oficinas de los urólogos del País en esos días posteriores a esa columna y se pueden haber salvado muchas vidas gracias a ello. Aún no pasa un día sin que algún hombre, en voz baja y con cierta vergüenza, me quiera consultar sobre cómo estoy "de aquello".

No tengo ningún problema en que al conocerse que he radicado en el Capítulo 11 de la Ley de Quiebra me convierta también en voz de los que calladamente sufren los embates de la crisis económica que vive el País y no se atreven a hacerlo por el estigma negativo que se le da a una acción que el mismo sistema provee para autoprotegerse. No hay ninguna razón por la cual sentirse avergonzado o fracasado por actuar de forma responsable ante una situación económica adversa. Avergonzado me sentiría si para hacer dinero viviera de intoxicar a nuestro pueblo diariamente con comentarios negativos, chismes, vulgaridades y espectáculos de mala calidad. Fracasado me sentiría si cada día no me levantara en la madrugada a trabajar hasta tarde en la noche y dependiera del tumbe, de la corrupción, del amiguismo político o del mantengo.

Reconozco que en nuestra cultura puertorriqueña cumplir con las responsabilidades económicas es uno de los más altos valores. Tenía a mi cargo pagar la hipoteca de mis padres y en una ocasión en que estaba de viaje y no dejé el pago del banco llamaron a mi papá. Al regresar él me comentó que eso no podía volver a suceder porque no quería que su crédito se afectara. Mi papá tiene 97 años. Desconozco qué transacciones financieras estaba planificando hacer en los próximos años que requiera de un crédito perfecto, pero he ahí un buen ejemplo de la importancia de este valor.

Un valor más importante aún es decir la verdad y ser honesto, lo cual parece estar en precario en nuestra sociedad actual. Tan pronto perdí mi fuente principal de ingreso con un canal de televisión y en una compañía de la que era portavoz, seguí cumpliendo mis responsabilidades económicas con lo que había ahorrado para mi retiro. Lo ahorrado se terminó 8 meses después. Mi abogada me regañó cuando fui a consultarla por haber esperado muy tarde. Ya me había reunido con todos mis acreedores y había auscultado opciones que a la larga no probaron ser viables.

El proceso no ha sido fácil pero, como en la experiencia del cáncer, he aprendido mucho. La crisis económica que, como un cáncer se come nuestro país, no es responsabilidad del 99% de los puertorriqueños. Tampoco es responsabilidad única del ciudadano común que busca trabajo y no encuentra, que quiere ser útil y no se le da la oportunidad de serlo. Este Puerto Rico que no funciona, produjo unas 12,000 quiebras en el 2010 y actualmente unas 30 quiebras por día. Soy un número más en esa abultada estadística.

Radicar quiebra con intención de reorganizarse es una decisión responsable con la familia y con los acreedores. Es un mecanismo que se ha creado para defender al ciudadano de las circunstancias económicas adversas que no son exclusivamente de su hechura. Es una oportunidad de empezar de nuevo para echar una mirada distinta a nuevos proyectos y posibilidades. Las grandes corporaciones se van a la quiebra y lo hacen como una transacción económica más. No se les mueve ni un pelo. Para el 99% del resto de la población es algo que lacera nuestra autoestima si no somos capaces de ver un poco más allá y aprendemos a utilizar los mecanismos que provee el mismo sistema para compartir la responsabilidad de la crisis que ese sistema ha creado.

Tal vez el último y más valioso beneficio de la quiebra sea el rehacer tu libreta de direcciones para ubicar en ella a los verdaderos amigos.