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A punto de repetirse la historia, por Enrique Vazquez Quintana

Publicado 14/02/10
Por JL Acevedo Colón

El siguiente artículo fue publicado en el periódico El Nuevo Día el 13 de febrero 2010 por el Dr. Enrique Vazquez Quintana, catedrático del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR y ex secretario de salud durante la incumbencia del ex gobernador Pedro Roselló González. Sus diferencias con el ex gobernador Roselló lo motivaron a renunciar como secretario de salud. Ha sido un critico constante de la reforma de salud que se implantó durante la administracion Roselló:

La Reforma de Salud comenzó en Puerto Rico en el 1993 en la región de Fajardo. Para esa época, había una gran expectativa de que la del Gobierno federal bajo la presidencia de William Clinton podría proveer una gran cantidad de dinero para financiar la reforma local.

Clinton le encomendó a su esposa Hillary Clinton el diseño e implantación del plan de reforma de salud en su gobierno. Grupos opositores tales como las compañías de salud, las farmacéuticas, la Asociación de Hospitales y la Asociación Médica Americana obstaculizaron la reforma federal. El proyecto de ley era voluminoso y muchos congresistas ni lo leyeron. El presidente Clinton se distrajo con otros problemas internacionales permitiendo que los grupos opositores cabildearan en contra de su plan de salud. Finalmente, el Congreso no aprobó la reforma de salud propuesta. Por consiguiente, el Gobierno de Puerto Rico no recibió dinero para ayudar al financiamiento de nuestra reforma de salud.

Todos conocen los múltiples problemas que ha confrontado la misma durante los pasados 16 años. La Administración de los Seguros de Salud (ASES) tiene más de $500 millones en déficit que viene arrastrando de años anteriores.

Dicha cantidad es una parte significativa del déficit total que afronta nuestro gobierno y que ha dado lugar a la crisis económica del país.

La reforma de salud en Puerto Rico se basa en manejo dirigido utilizando la capitación para el financiamiento de la prestación de servicios. Todas las compañías de salud operan con fines de lucro y reciben lo que aparenta ser una buena tajada de la cantidad de dinero asignada a la capitación. Los ejecutivos de esas compañías reciben sueldos muy altos, fuera de proporción con puestos similares en otras compañías. Esto ha dado lugar al racionamiento de los servicios, falta de medicamentos y al rechazo de pacientes por no estar asegurados. 

Para parecernos más a Estados Unidos, ahora tenemos alrededor de 400,000 personas que no cualifican para la reforma de salud, pero que tampoco pueden pagar por un plan privado. Como candidato a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, propuso establecer un plan de salud universal. Obama plantea una cubierta para los 40 millones de norteamericanos que carecen de cubierta de salud. Durante el primer año de su presidencia, el Congreso norteamericano estuvo trabajando sobre varios proyectos de ley. Cada cuerpo legislativo aprobó su propia versión. Un comité de conciliación no pudo ponerse de acuerdo con una versión final. La versión de la Cámara de Representantes era más generosa con el pueblo de Puerto Rico que la versión aprobada por el Senado. No habrá paridad a menos que seamos un estado. Nuevamente el proyecto de ley ha resultado muy complejo. Los republicanos se oponen tenazmente a la aprobación de un plan gubernamental para financiar los servicios de salud para los pobres. 

La reforma de Puerto Rico no ha sido enmendada significativamente durante los últimos 17 años. Se han ensayado algunos planes piloto, pero de ahí no han pasado. 

El Senado está considerando el Proyecto de Ley #1207 para ampliar la Ley de Alianzas Público-Privadas para extender su radio de acción en una cubierta de salud universal. Están dando palos a ciegas. 

La reforma de salud actual es un ejemplo de APP que ha demostrado ser un fracaso, donde el factor predominante es el lucro y donde no hay interés en mejorar la salud de los pobres. 

Un plan de salud universal se logra cuando el Gobierno es el pagador único como en Canadá; el Gobierno o paga a un intermediario para que repague a los proveedores o provee todos los servicios de salud. 

Hace falta una revisión total de la Reforma de Salud que incluya el eliminar a las compañías aseguradoras. No podemos seguir dependiendo de la reforma de Estados Unidos. La nuestra debe ser financiada con nuestros propios recursos. Terminemos con la mendicidad. La historia del 1993 está a punto de repetirse.